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Sobre el Maná y la Palabra de Dios

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Dios había prometido proveer la necesidad de alimento en el desierto. El pan que Dios proveía no era algo procesado, un producto de alguna panadería en el desierto, venía directo del cielo, precisamente a donde el pueblo estaba. También se lo podían comer en el momento que venía, incluso podían cocinarlo u hornearlo. Dios deja en claro que Él provee las necesidades de alimento diarias de su pueblo, pero ellos tenían que salir a juntar su pan cada día. Ese maná era un regalo sobrenatural de Dios. Diariamente llovía 4500 toneladas del pan para ellos, ¡durante 40 años!

Jesús instruye de la misma manera cuando dirige Su disciplina para orar, para darnos ese día nuestro pan diario. Algunas veces podremos encontrarnos en situaciones desérticas donde todo parece estar muy caliente, seco, sin vida o crecimiento y creemos que vamos en la dirección contraria de nuestros sueños. Puede que no nos sintamos amados e incluso ignorados. Parece que Dios está muy lejos de nosotros y Sus promesas aún más. Sin embargo, Él está cerca porque nos ha prometido que nunca nos va a dejar ni a desamparar (Hebreos 13:5). Así que no tenemos porque desanimarnos porque aún en el desierto el Señor cumple sus promesas y suple nuestras necesidades de pan celestial, suficiente pan, para cada quien de acuerdo a su apetito (Éxodo 16:18). Todo lo que tenemos que hacer es salir y obtenerlo. ¡Eso aplica para todos nosotros! Habla de “pan diario” y no de la “abundancia de las cosas”. Se trata de lo que necesitamos y no de lo que queremos. Y Dios quiere que le confiemos a Él nuestras necesidades. A veces el salir a recolectar el pan parece ser un batallar porque requiere una acción y frecuentemente un esfuerzo. Podemos obtenerlo diariamente de parte del Proveedor Supremo, la Fuente, no de la lata (casetes, DVD’s, TV, libros sobre la Biblia). Diariamente no significa una vez a la semana, ni tampoco con el domingo basta.

Recuerda con lo que el diablo tentó a Jesús (¡también en el desierto!) y lo que Jesús respondió en Mateo 4:4 “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Me gusta la manera en que el mensaje pone la respuesta de nuestro Señor: “Se necesita más que pan para permanecer vivos. Se necesita un flujo permanente de palabras de la boca de Dios” No se trata de la manifestación sino de la presencia de Dios. La Palabra de Dios en un máximo sentido es Jesucristo.

Juan 5:39
“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”

Juan 6:32-35
“Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.”

¿Ves la analogía entre el maná del desierto, el pan del cielo y Jesucristo como el pan de vida? El maná era blanco, sugiriendo la pureza y santidad, y dulce como la miel. Interesantemente el maná caía en la noche sobre el rocío y no sobre el polvo (Números 11:9). Jesucristo es un regalo de Dios, dado a nosotros gratuitamente. Hay una necesidad diaria, una provisión diaria y es para que la recolectemos y la comamos todos individualmente.

Oro para que discernamos nuestros deseos de nuestras necesidades, para que podamos enfocarnos en el corazón de Dios. Para que hagamos lo que sea que nos cueste para salir cada día a recoger nuestro pan diario que el Señor provee para cada uno de nosotros. Que lo disfrutemos, porque sabe como hojuelas con miel (Éxodo 16:31b), y comamos tanto como necesitemos, para que fortalezca nuestros cuerpos y seamos saciados y purificados. Amén.

Jeremías 15:16
“Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos.”



 

Andrea Kioulachoglou
Español: Aleida López de Steinmetz
Versión Bíblica: Reina-Valera 1960

 

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